Cándido y Finito El Osado

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Desde el Mesón de Cándido queremos contaros una de esas historias que son dramáticas pero que, con el paso del tiempo, pueden convertirse en anécdotas que están más cerca de la comedia. Como no podía ser de otra forma, la hemos conocido gracias a las memorias del Mesonero y ahora queremos compartirla con todos vosotros. Todo ocurrió una noche de posguerra…

En una época de escasez y recursos limitados siempre puede aplicarse la regla “hecha la ley, hecha la trampa”. Eso fue lo que pasó con las cartillas de racionamiento. Cada hogar veía reducida su capacidad para comprar comida, ropa y todo tipo de productos. ¿Qué ocurrió? Nació el mercado negro, conocido como estraperlo. En su mayoría, el mercadeo era muy pequeño, pero hubo quién vio en el estraperlo un auténtico modo de vida. Este fue el caso de un segoviano conocido como Finito, tal y como recordaba Cándido. Finito recorría los pueblos de Segovia con su camión, junto a dos compinches, para acumular todo tipo de bienes y poder venderlos más tarde. El momento más tenso de su carrera como contrabandista, o al menos que Cándido conociera, llegó cuando paró a repostar su camión con un cargamento ilegal de garbanzos en su interior. Dos agentes de la guardia civil se acercaron con ánimo de examinar la mercancía. ¿Cómo salió Finito de aquel entuerto? De una forma muy osada… “¡Insolentes! ¡Fumando ante un camión de explosivos! ¡Firmes! ¡Capitán de Artillería!” Los guardias se cuadraron de inmediato y Finito subió al camión para partir hacia Madrid con sus garbanzos.

Así fue como surgió el nombre de Finito El Osado, en un alarde de valentía y puede que también de un poco de inconsciencia. Eran otros tiempos y los segovianos debían apañárselas para salir adelante, tal y como dejó escrito el Mesonero Mayor de Castilla en su amplia bibliografía.

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