DIONISIO Y Micaela, la 1.ª generación

El origen del restaurante más antiguo de Segovia

Micaela, junto con su marido Dionisio, fueron los fundadores de la tradición hostelera de su familia y la precursora del icónico Mesón de Cándido. En medio de las dificultades económicas y sociales que limitaban el acceso a los alimentos en España, emergió una valentía de emprender y abrir Duque «El Chato», una modesta taberna que ofrecía platos sencillos y económicos, recibiendo este nombre por la forma de la nariz de Dionisio.

El Chato se convirtió en un refugio para los segovianos de la época, que encontraban en su cocina platos sencillos pero de calidad, preparados con ingredientes locales y al alcance de todos. Micaela, con su carácter decidido, supo convertir aquel pequeño restaurante en un lugar de encuentro, cimentando la reputación del negocio y estableciendo una relación cercana con su comunidad.

Este primer paso en la hostelería no solo sentó las bases del futuro Mesón de Cándido, sino que marcó el inicio de una dinastía gastronómica que, años más tarde, continuaría su hija Patrocinio y su yerno Cándido. Sin embargo, fue esta primera generación quienes, con «El Chato», plantaron la primera semilla en el mismo lugar donde hoy se erige uno de los grandes referentes de la gastronomía española.

Tras la muerte de Dionisio Duque, Micaela Casas afrontó una época especialmente dura. Sola y con la responsabilidad de mantener la casa de comidas en marcha, solo pudo continuar gracias al apoyo incondicional de su hija Patrocinio, de su otra hija Gregoria, y de su yerno, Cándido López. Durante un tiempo, los cuatro lucharon por mantener viva la tradición familiar, en una España marcada por la escasez y la pobreza. Pero aquella unión no duraría mucho: Gregoria falleció pocos años más tarde, y los demás hijos de Dionisio, entre ellos Julián Duque, renunciaron al legado familiar, abandonando el negocio y dejando en manos de Micaela, Patrocinio y Cándido la tarea de sostener la casa.

A pesar de todo, Micaela nunca perdió la dignidad ni la vocación por la hospitalidad. A su muerte, fueron Patrocinio y Cándido quienes heredaron la casa de comidas familiar. En 1935, decidieron renombrarla, en parte por una curiosa coincidencia: en 1934 se había abierto en la misma plaza del Azoguejo otro restaurante con el mismo apellido que el de Patrocinio con el fin de lucrarse de la fama ya existente. Aquello aceleró la decisión de dar nombre propio al mesón, que desde entonces empezó a conocerse como “Mesón de Cándido”, aunque las raíces de la casa siguieron siendo las de Micaela y las de Dionisio.

El Chato se convirtió en un refugio para los segovianos de la época, que encontraban en su cocina platos sencillos pero de calidad, preparados con ingredientes locales y al alcance de todos. Micaela, con su carácter decidido, supo convertir aquel pequeño restaurante en un lugar de encuentro, cimentando la reputación del negocio y estableciendo una relación cercana con su comunidad.

Este primer paso en la hostelería no solo sentó las bases del futuro Mesón de Cándido, sino que marcó el inicio de una dinastía gastronómica que, años más tarde, continuaría su hija Patrocinio y su yerno Cándido. Sin embargo, fue Micaela quien, con «El Chato», plantó la primera semilla en el mismo lugar donde hoy se erige uno de los grandes referentes de la gastronomía española.

CONSERVANDO Y EXPANDIENDO EL LEGADO

Descubre el legado de Micaela

Explora cómo el sueño de Micaela Casas, fundadora de «El Chato», ha evolucionado hasta convertirse en el emblemático Mesón de Cándido. Desde sus humildes comienzos en el mismo espacio donde hoy se erige el famoso mesón, el legado de Micaela ha crecido y prosperado, convirtiéndose en un símbolo de la gastronomía española.

MESÓN DE CÁNDIDO