Hay artistas que, más allá del escenario, dejan una huella sincera allí por donde pasan. La visita de Melody a Segovia con motivo de su concierto en las fiestas de San Juan y San Pedro fue uno de esos momentos especiales para nuestra ciudad, y también para nuestra casa. La cantante sevillana, inmersa en su gira “Esa Diva Tour”, no solo llenó de música la Plaza de Artillería, junto al Acueducto, sino que también nos regaló su presencia en el Mesón de Cándido, donde compartimos con ella un encuentro lleno de cercanía, simpatía y respeto mutuo.
La jornada fue intensa para ella. Llegó a la ciudad pocas horas antes del concierto, y aún así quiso acercarse al mesón para conocer de primera mano uno de los lugares más representativos de la gastronomía castellana. Nos honra que, en un día tan señalado, encontrara un momento para sentarse con nosotros y disfrutar del calor de la casa. Su presencia fue discreta pero natural. Charlamos, brindamos por la música y por las raíces, y le ofrecimos algunos de los platos más emblemáticos de nuestra cocina, entre ellos, cómo no, el cochinillo asado.
Por la noche, ya sobre el escenario, Melody conquistó al público segoviano con un repertorio que repasó sus 25 años de carrera. Desde sus canciones más conocidas, como “El baile del gorila” o “De pata negra”, hasta sus temas actuales, como “Mujer loba” o “El apagón”, la artista demostró por qué sigue siendo una figura querida y vigente en el panorama musical. Pero más allá de la música, fue su mensaje lo que más resonó. “No nos pisemos unos a otros para brillar”, dijo entre canción y canción, con esa mezcla de madurez y emoción que solo puede transmitir alguien que ha crecido de cara al público.
Desde el Mesón de Cándido queremos agradecerle su visita, su amabilidad y su autenticidad. Segovia es una ciudad que acoge con los brazos abiertos, y Melody supo responder a ese cariño con una generosidad poco común. Nos alegra haber formado parte, aunque sea brevemente, de su paso por nuestra ciudad. Esta casa siempre estará abierta para quienes, como ella, honran su arte sin perder la humildad.
Su visita fue un recuerdo bonito para nosotros y, sin duda, un gesto que valoramos especialmente. Porque cuando alguien como Melody, con una trayectoria tan amplia y una agenda tan exigente, decide detenerse un momento en nuestra mesa, sabemos que no es por compromiso, sino porque entiende que la verdadera cultura también se sirve en platos de barro y se comparte en voz baja, entre las piedras de una ciudad que guarda historia en cada esquina.

